Nos íbamos de acampada. Tú caminabas, convencido, ya que por alguna razón ahí debías ir. Yo solo sabía que debía seguirte, y creer en ti suponía aumentar la fe en ti mismo.
Nos movíamos entre árboles, tierra húmeda, con mochilas a la espalda y la nariz algo fría.
Me sentía cansada, pero estaba convencida. Era algo importante. Me guiaba esa sensación que hemos tenido oportunidad de vivir en nuestras extrañas experiencias. Esas a las que apenas damos importancia más que para sonreirnos y alucionar un poco. Pero solo un poco.
Entre malezas y la oscuridad acechando nuestros pasos, me desperté.
Lo primero que vi.
La luna.
Mi ventana estaba abierta, y por alguna casualidad la luna asomaba justo en el lugar exacto, coincidiendo con el eje de mi mirada.
Una luna espléndida, brillante, llena. La misma luna que nos vio en una situación muy parecida a la de mi sueño.
No quise mirar la hora. No podía dejar de contemplarla.
Dudé.
¿Seguía soñando?
Me incorporé y poco me costó comprobar que no, aunque por algún extraño efecto visual, la luna ya no era una, sino tres.
Podía contemplar tres lunas en diagonal.
Me asusté.
"Debe ser un efecto óptico" - pensé.
En cambio, parecía tan real...
Poco a poco mis ojos se hicieron a la realidad, a mi habitación. Tuve que mover el rostro y, al comprobar qu elas lunas se movían tal como mi cabeza, afirmé que se trataría de alguna legaña mal colocada y me recosté sobre la almohada.
El sueño continuó.
Seguíamos en el campo, pero esta vez te sonó el móvil. Tú no querías cogerlo, pero yo te dije que debías escuchar, al menos. Me hiciste caso, pero tras colgar volvió a sonar l teléfono. Esta vez te pedi permiso para cogerlo yo, y así lo hice.
Consolé. Y consolé de la manera que mejor pude, dando consejos sin cesar, hasta que la voz entre sollozos me replicó:
-¿Y tú? Mira dónde sigues-
-Precisamente para que no acabes como yo-.
-Entonces...te arrepientes de estar ahí-.
-Lo cierto...es que no.
Y colgué el teléfono, me tumbé a tu lado y comtemplamos la luna y el bosque desde algún alto claro, al que habíamos llegado sin apenas darnos cuenta.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario