lunes, 19 de diciembre de 2011

Escribo esto para ilustrar mis sentimientos, hoy, día 19 de Diciembre, casi desbordados.


Con lágrimas en los ojos, hijas de la nostalgia que acuna este invierno.


Nunca pensé que fuera tan duro estar sola.

Ni trabajar.

Ni luchar al tiempo por un proyecto sustentado únicamente por las ganas y el supuesto talento.

Estoy contenta, porque las cosas se están encaminando y hay buenas noticias.

Por eso no entiendo mis lágrimas.

Estoy orgullosa, porque hace un año no era ni la mitad de lo que soy ahora.

Pero cuesta cambiar, cuesta endurecerse.

Cuesta crecer.

Es duro enfrentar los miedos.

Tengo ganas, soy aventurera y valiente.

Pero la osadía a veces ciega, y por el camino descubres obstáculos y dolencias inimaginables.

Como lo es no tener a alguien físico a tu lado, que te quiera, con el que compartir alegrías y celebrarlas.

La soledad de estar lejos de tus seres queridos. La necesidad de un abrazo.

Enfrentar la nostalgia en soledad.

Ser tu único pilar.

Dolerte el corazón y el alma sin la opción de reposar en la cama.
Tener que levantarte el ánimo como sea para salir y enfrentar el invierno, sin nadie a tu lado.

Hace mucho frío.

Pero sé que en unos meses leeré esto y yo seré más fuerte.

Es duro evolucionar sola, pero era la única manera de seguir creciendo.

Y lo haré, como siempre he hecho.