sábado, 14 de noviembre de 2009

Los hombres hablan de la guerra como si de nubarrones negros se tratara.

Pero son ellos los que provocan la tormenta y después gritan:

¡Joder, está lloviendo!
Bill: ¿Quieres saberlo? Te lo diré. Tienes ante ti a un hombre que esta noche no camina, galopa, hacia el Valle Tenebroso. Al mismo tiempo, la empresa por él concebida, creada con sus manos, ha pasado a dirigirla un par de piratas. Oh sí, casi me olvido, y mi hija se ha enamorado de la Muerte.

Joe: Y yo estoy enamorado de ella.

Bill: ¿Qué dices?

Joe: Estoy enamorado de ella y me la voy a llevar esta noche.

Bill: No te la llevarás a ninguna parte. ¿A qué viene esto? ¿No teníamos un acuerdo?

Joe: Lo siento.

Bill: Susan es mi hija. Le espera una vida maravillosa. ¿Vas a privarla de ella y me dices que lo sientes? Lo lamento, pero no acepto tus disculpas.

Joe: Me da igual, Bill. La quiero.

Bill: Para ti es perfecto. Tomar todo lo que quieres porque te apetece. Eso no es amor.

Joe: ¿Qué es?

Bill: Un capricho vano que, por el momento, pretendes concederte. Pero falta lo primordial.

Joe: ¿Que es qué?

Bill: Confianza, responsabilidad, sopesar tus opciones y sentimientos y vivir el resto de tu vida en consonancia con ellos y, sobre todo, no hacer daño a la persona amada.

Joe: ¿Es eso el amor según William Parrish?

Bill: Multiplícalo por infinito, llévalo hasta el fin de la eternidad y apenas tendrás un atisbo de qué hablo.

Joe: Esas fueron mis palabras.

Bill: Ahora son mías.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sueño extraños

Nos íbamos de acampada. Tú caminabas, convencido, ya que por alguna razón ahí debías ir. Yo solo sabía que debía seguirte, y creer en ti suponía aumentar la fe en ti mismo.

Nos movíamos entre árboles, tierra húmeda, con mochilas a la espalda y la nariz algo fría.

Me sentía cansada, pero estaba convencida. Era algo importante. Me guiaba esa sensación que hemos tenido oportunidad de vivir en nuestras extrañas experiencias. Esas a las que apenas damos importancia más que para sonreirnos y alucionar un poco. Pero solo un poco.

Entre malezas y la oscuridad acechando nuestros pasos, me desperté.

Lo primero que vi.

La luna.

Mi ventana estaba abierta, y por alguna casualidad la luna asomaba justo en el lugar exacto, coincidiendo con el eje de mi mirada.

Una luna espléndida, brillante, llena. La misma luna que nos vio en una situación muy parecida a la de mi sueño.

No quise mirar la hora. No podía dejar de contemplarla.

Dudé.

¿Seguía soñando?

Me incorporé y poco me costó comprobar que no, aunque por algún extraño efecto visual, la luna ya no era una, sino tres.

Podía contemplar tres lunas en diagonal.

Me asusté.

"Debe ser un efecto óptico" - pensé.

En cambio, parecía tan real...

Poco a poco mis ojos se hicieron a la realidad, a mi habitación. Tuve que mover el rostro y, al comprobar qu elas lunas se movían tal como mi cabeza, afirmé que se trataría de alguna legaña mal colocada y me recosté sobre la almohada.

El sueño continuó.

Seguíamos en el campo, pero esta vez te sonó el móvil. Tú no querías cogerlo, pero yo te dije que debías escuchar, al menos. Me hiciste caso, pero tras colgar volvió a sonar l teléfono. Esta vez te pedi permiso para cogerlo yo, y así lo hice.

Consolé. Y consolé de la manera que mejor pude, dando consejos sin cesar, hasta que la voz entre sollozos me replicó:

-¿Y tú? Mira dónde sigues-

-Precisamente para que no acabes como yo-.

-Entonces...te arrepientes de estar ahí-.

-Lo cierto...es que no.

Y colgué el teléfono, me tumbé a tu lado y comtemplamos la luna y el bosque desde algún alto claro, al que habíamos llegado sin apenas darnos cuenta.

martes, 3 de noviembre de 2009

Nota de nuevo: No solo a los mentirosos, no confiar absolutamente en nadie

Sí señores, a esta conclusión me han llevado definitivamente mis experiencias hasta los 19 años.

No confiar en nadie.

Siempre he tenido el gran problema de ser un puñetero libro abierto.

Y eso solo me ha traido problemas.

También he conocido gente que ha sido todo lo contrario. Personas completamente cerradas que pocas veces expresan sus sentimientos.

De hecho, apenas les cuentan nada a sus más íntimos amigos.

Y claro, cuando la gente les falla, no tienen armas con qué dañarles.

No son vulnerables.

¿Qué hay que hacer para no serlo?

Cerrarse en banda, y confiar únicamente para lo ue a uno le interesa.

Expresar con sinceridad sentimientos o hechos ha sido algo que quizás haya sobrevalorado.

Sobrevalorado únicamente yo, porque al fin y al cabo no es algo que se aprecie demasiado.

Todo lo contrario, parece que cuanto más sincera eres más daño te hacen.

Quizás ya haya confiado demasiadas cosas a los demás, pero todo puede cambiar a parti de ahora.

A callarse la boca y guardarse las cosas para una sola.

"No volver a abrirse a nadie"

Nota: No dar oportunidad a mentirosos

Hay días en los que, sin ton ni son, el pasado hace acto de presencia.

Comienzas a recordar tus propias actitudes ante situaciones que sucedieron, y te das cuenta de lo terriblemente inmadura e ingenua que eras.

De hecho, ni siquiera consigues explicarte cómo pudiste aguantar tanto, de dónde sacabas la fe.

Supongo que del amor ciego, el amor estúpido e injustificado, ese que asusta porque pocas veces has conseguido controlar.

Mira que fui tonta.

Por creerme mentiras.

Mira que fui inmadura, por no hacer caso a los hechos.

Yo me quejaba de que otras tenían vendas en los ojos, pero chica, yo la primera.

Espero que se me grabe a fuego eso de "MENTIROSOS NO"

Detesto a la gente que miente, y precisamente porque han sido casi a los que más he querido.

Pero lo triste es seguir confiando en esas personas, y ahí el error fue mío.

Nadie me mandó. Confianza ciega y requeteciega. Confianza absurda más bien.

El otro día escuché una frase que llamó mi atención. Decía algo así como "Si los pensamientos, los sentimientos, y los actos van en la misma dirección seremos personas equilibradas. En cambio, si pensamos una cosa, sentimos otra y demostramos todo lo contrario, dificilmente estaremos a gusto con nosotros mismos"

Tiempo y paciencia para que la goma del olvido se dedique a realizar su tarea.