lunes, 8 de junio de 2009

Conclusión

La justicia es un concepto surrealista y, por tanto, inexistente.

No hay justicia en el mundo. Ni a nivel económico ni a nivel personal.

Me gusta lo surrealista. Si todo sale mal, seré juez.

Una juez injusta por implantar la justicia.
Se sobrevalora el valor de una vida. Se sobrevalora el concepto de persona.
Aunque éste sea un asesino, un violador o un maltratador, es humano y, por tanto, tiene derecho a vivir.

¡JA!

Muy justo sí.

jueves, 4 de junio de 2009

ECONOMÍA BARATA

La economía es un arma.

Gracias a políticos y económicos vivimos en un mundo irracional.

La cifra clara de dinero electrónico globalizado es de dos billones de dólares diarios.

Sólo el 5% del dinero que circula en el mundo es real, puede tocarse y olerse.
El 95% restante es dinero falso.

Hay que creer la gran mentira de que los bancos son solventes...pero no lo son. Están
al borde de la quiebra. El mayor deseo de los bancos es que no les paguen para poder
quedarse con los bienes concretos. Tratemos de devolver un préstamo antes de tiempo a ver
qué cara nos ponen.

Los principales bancos nunca salen afectados por las crisis... De hecho, ganan más.
Podría decirse incluso que lo anticipan. Tal vez tienen una enorme bola de cristal o... tal vez saben cómo crearlas.

Veamos con un ejemplo práctico: yo tengo gallinas y tú tienes un huerto con tomates. Yo quiero tomates y tú quieres huevos. Entonces hacemos un intercambio. Un simple
intercambio. Por ejemplo, un huevo por cada tomate.

Así eran las cosas al principio, pero claro, a veces tus tomates serán mejores y a veces peores, o tal vez yo quiera un caballo y no tenga muy claro cuántos huevos necesito, pero si usamos como referencia, por ejemplo (es un simple ejemplo), un poco de oro (el oro es bonito, brilla y no hay demasiado; es valioso) así que podemos hacer una tabla de conversión.

Si una docena de huevos vale lo mismo que una pepita de oro y un caballo
cuesta 100 pepitas, es fácil saber que un caballo vale lo mismo que 100 docenas de huevos.

Sencillo ¿verdad? El oro se convierte así en moneda de cambio, para simplificar... Ya
no se puede comprar un caballo con huevos. Se cambian los huevos por monedas.

Ese es el primer paso, todo es más o menos igual que al principio, salvo que ahora necesitamos el oro para comprar las cosas que no producimos. Leche, carne, ropa, herramientas, etc.

Pues bien, la persona que inventó el sistema tiene un establecimiento, un lugar donde se almacena el oro y nosotros podemos conseguirlo. El banco.

El hombre es un altruista, claro, no quiere vendernos el oro, le basta con
prestárnoslo...


Por ejemplo, a mí me da 10 monedas, para mí y me las deja en préstamo durante doce
meses. Solo me pide un módico interés lógico, pongamos que un 10%; eso sí, el arriesga su oro y yo no arriesgo nada, así que necesita una garantía para cubrir la posibilidad de que yo no cumpla mi parte del trato. En su caso, si también quiere oro, hipotecará sus bienes, así que el hombre le presta 10 monedas a cambio de que devuelva al banco 11 monedas al cabo de un año, las 10 que le prestaron más el interés.

Tengo todo un año; sólo si no cumplo, el banco se quedará con mis bienes ¿de
acuerdo? No hay problema, ¿hay problema? No hay problema ¿cuál es el problema?

Imaginemos que el banco posee una cantidad total de, digamos, 100 monedas de oro,
que es la cantidad de oro total que existe, 100 monedas, ni una más. Además del “hombre bueno” existimos otras diez personas; tú, yo, un compañero, algunos amigos... así hasta 10 personas, y todos hemos pedido un préstamo, 10 monedas para cada uno, un total de 100 monedas. ¿Me sigues? Claro que sí, el banquero nos ha entregado todo su oro, con absoluta generosidad ¿y a cambio de qué?, ¿un simple 10%? ¿Una monedita por persona? Es justo.

Pero, según Pitágoras, tenemos un problema: si al cabo de doce meses hemos de pagar
al banco 11 monedas cada uno ¿de dónde las vamos a sacar? 11 monedas cada uno son 110
monedas; eso significa que existen 10 monedas en intereses que nunca podrán pagarse.
Nunca, suceda lo que suceda.

¡Pero no hay problema!

El Banco fue inventado para facilitar las cosas, no para complicarlas, hay una solución razonable “no se preocupen, devuélvanme sólo los intereses, una moneda cada uno...” esperaré y el próximo año ya me devolverán la cantidad inicialmente, las primeras 10 monedas en definitiva”. Adelante...

Sin embargo si devolvemos una moneda, nos quedarán nueve, nueve cada uno así que
si aún debemos 10 monedas, al cabo de un año seguiremos con el mismo problema y,
además tendremos menos dinero.

Tendremos una moneda menos que el año anterior y, si repetimos la operación
durante 10 años, y eso siempre que nos dejen pagar solo el interés, en ese tiempo nos
quedaremos sin nada. Desaparecerá todo el dinero ¡y sin embargo seguiremos debiendo el
préstamo inicial!

El banco habrá recuperado todo el oro, nosotros no tendremos nada y aún deberemos
lo que nos prestaron al principio, 100 monedas entre todos, que nunca podremos devolver porque, sencillamente, no existen...

Así que perderemos los bienes.

Lo que hipotecamos como garantía al principio, hace diez años. En diez años el banco
tendrá lo que tenía al principio más todas nuestras posesiones y nosotros no tendremos nada, absolutamente nada, con lo que en la práctica nos habremos convertido en esclavos del banco. ¿Y por qué? Por nada y a cambio de nada.

Cuando nos acostumbramos a algo nos volvemos ciegos: Estamos en el paraíso de la
usura legal.



Todos estos problemas y manipulaciones por las que nos vemos afectados resultan
absurdas si concebimos el dinero como lo que realmente es, una mera idea inventada del ser humano, creada con la suposicion de facilitarnos y mejorar nuestra calidad de vida.

Pero podemos comprobar que ha creado más problemas de los que ha solucionado,
dado que más que un material para agilizar el intercambio de bienes, se ha convertido en un símbolo de poder capaz de corromper; capaz de irracionalizar el sentido de la vida misma y provocar injusticias cada vez más dificiles de concebir, como el gran desequilibrio existente en la población mundial.

¿Y todo por qué?

Una simple idea del hombre.

Una idea que se ha convertido en nuestro centro.

Valorizamos más una idea que nuestra propia supervivencia.