lunes, 10 de octubre de 2011

You stop being part of my dreams.
Decepción completa.

Nunca me hubiera imaginado que en realidad fueras así.

Pensaba que eras ESE chico.

¿Traición? Sí.

Pensaba que estabas...lo parecías. Lo parecía.

Decepción. Cómo te vendiste.

Pensé que me amaba un peral, no un olmo.

Espera, pensé que algo me amaba.

¿Cómo podías tú ser igual?

Decepción es poco.
Quisiera querer que vuelvas.

Pero para eso tendría que producirse un milagro. Un milagro en ti.

No para que vuelvas, sino para yo querer que eso pase.

Tendrías que estar muy enamorado.

No. Miento. Si he madurado ya no me conformaría solo con eso.

¿O sí?

sábado, 8 de octubre de 2011

Hoy me he dado cuenta de que estaba enamorada de ti, no de lo nuestro.


Me di cuenta de que conservo esperanza, al ver una llamada perdida en el móvil y desear ver tu nombre en la pantalla.


Al esperar un mensaje tuyo en el buzón de voz. Tu voz.


Son cosas que no sabes que conservas hasta que te dan de bruces en el corazón.


Deseo un mensaje tuyo. Un mensaje de disculpas. Un lo siento. Un te quiero.


¿Por qué? ¿Y para qué?


Me doy cuenta de que, a pesar del dolor, es lo mejor que podía pasarme. Puede que me hiciera falta. Espero saberlo en breve.


No sé muy bien lo que siento ahora respecto a la ruptura. Me siento agradecida por lo que tuvimos, lo que aprendí, lo que sentí y lo que pude darte.


Solo quiero que te des cuenta, que mires en tu interior. Ya no me importa tanto entender por qué, qué pasó realmente en tu mente o en tu corazón, con respecto a mi. Solo me importa que rectifiques, por ti y para ti. Llevas mucho tiempo estancado, estancadísimo. Temo que te quedes ahí. Sé que ya no es mi problema, porque no puedo hacer nada. Pero no quiero que seas un Carlos o un Ernesto. Dios ellos están ahora mismo tal cual estaban cuando lo nuestro terminó. No quiero que te pase eso a ti.


Dios sabe que cada vez que vuelvo a casa deseo verte sentado en el portal. Que por una vez un impulso tuyo me sorprenda para bien. Que compres un billete a Madrid, verte con tu chaqueta beig y las manos en los bolsillos.


Conocí el otoño contigo.


Sin ti sigue siendo hermoso, pero sin ti.


Que es lo que toca, y disfruto del presente igual.


Pero te quiero.


Y deseo que te descubras, que te atrevas a admitir lo que yo veo, y a luchar. Lo hiciste una vez, te asustaste y te rendiste. Creo que ahí empezaron a ir las cosas hacia atrás entre nosotros.


No te conviertas en ellos.


Crece. Aprovecha esta oportunidad como estoy haciendo yo.


Crece conmigo.


Eso es amar.

lunes, 3 de octubre de 2011

Sé que no leerás esto, por eso lo escribo.

De hecho, creo que solo yo lo entenderé.

Haciendo un balance de mis antiguas relaciones con la tuya, de mis sentimientos hacia antiguos amores y, sobretodo, de antiguas rupturas, he de decir que no hay punto de comparación.

Por diferencia, más que por cantidad.

La desdicha y decepción esta vez son constantes. Me acompañan a lo largo del día. Mientras me ducho, mientras arreglo mi dormitorio. Mientras charlo y sonrío. Mientras como, mientras río. Mientras vivo.

Pero no saludan, se mantienen ocultas, se esconden. Se maquillan.

Solo se descubren por la noche, y en mi mirada.
Se manifiestan a través de un recuerdo fortuito.
Cuando me doy la vuelta en la cama y no está tu brazo.
Cuando a mi izquierda solo hay frío.
Cuando guardo un cojín rojo.

Una pieza me falta. Es parecido a la sensación de olvidar algo y no saber el qué. Pero todo el día, sin haber olvidado nada, y sabiendo qué.

A diferencia, tengo ganas, ánimo y fuerza para luchar por lo que quiero, sin tenerte presente, intentando no tenerte en un futuro.

Necesitaba escribir, por mi, para mi.

Por que sí, porque muere otro día en el que no estás.