
Sé que no leerás esto, por eso lo escribo.
De hecho, creo que solo yo lo entenderé.
Haciendo un balance de mis antiguas relaciones con la tuya, de mis sentimientos hacia antiguos amores y, sobretodo, de antiguas rupturas, he de decir que no hay punto de comparación.
Por diferencia, más que por cantidad.
La desdicha y decepción esta vez son constantes. Me acompañan a lo largo del día. Mientras me ducho, mientras arreglo mi dormitorio. Mientras charlo y sonrío. Mientras como, mientras río. Mientras vivo.
Pero no saludan, se mantienen ocultas, se esconden. Se maquillan.
Solo se descubren por la noche, y en mi mirada.
Se manifiestan a través de un recuerdo fortuito.
Cuando me doy la vuelta en la cama y no está tu brazo.
Cuando a mi izquierda solo hay frío.
Cuando guardo un cojín rojo.
Una pieza me falta. Es parecido a la sensación de olvidar algo y no saber el qué. Pero todo el día, sin haber olvidado nada, y sabiendo qué.
A diferencia, tengo ganas, ánimo y fuerza para luchar por lo que quiero, sin tenerte presente, intentando no tenerte en un futuro.
Necesitaba escribir, por mi, para mi.
Por que sí, porque muere otro día en el que no estás.

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