lunes, 19 de diciembre de 2011

Escribo esto para ilustrar mis sentimientos, hoy, día 19 de Diciembre, casi desbordados.


Con lágrimas en los ojos, hijas de la nostalgia que acuna este invierno.


Nunca pensé que fuera tan duro estar sola.

Ni trabajar.

Ni luchar al tiempo por un proyecto sustentado únicamente por las ganas y el supuesto talento.

Estoy contenta, porque las cosas se están encaminando y hay buenas noticias.

Por eso no entiendo mis lágrimas.

Estoy orgullosa, porque hace un año no era ni la mitad de lo que soy ahora.

Pero cuesta cambiar, cuesta endurecerse.

Cuesta crecer.

Es duro enfrentar los miedos.

Tengo ganas, soy aventurera y valiente.

Pero la osadía a veces ciega, y por el camino descubres obstáculos y dolencias inimaginables.

Como lo es no tener a alguien físico a tu lado, que te quiera, con el que compartir alegrías y celebrarlas.

La soledad de estar lejos de tus seres queridos. La necesidad de un abrazo.

Enfrentar la nostalgia en soledad.

Ser tu único pilar.

Dolerte el corazón y el alma sin la opción de reposar en la cama.
Tener que levantarte el ánimo como sea para salir y enfrentar el invierno, sin nadie a tu lado.

Hace mucho frío.

Pero sé que en unos meses leeré esto y yo seré más fuerte.

Es duro evolucionar sola, pero era la única manera de seguir creciendo.

Y lo haré, como siempre he hecho.

lunes, 10 de octubre de 2011

You stop being part of my dreams.
Decepción completa.

Nunca me hubiera imaginado que en realidad fueras así.

Pensaba que eras ESE chico.

¿Traición? Sí.

Pensaba que estabas...lo parecías. Lo parecía.

Decepción. Cómo te vendiste.

Pensé que me amaba un peral, no un olmo.

Espera, pensé que algo me amaba.

¿Cómo podías tú ser igual?

Decepción es poco.
Quisiera querer que vuelvas.

Pero para eso tendría que producirse un milagro. Un milagro en ti.

No para que vuelvas, sino para yo querer que eso pase.

Tendrías que estar muy enamorado.

No. Miento. Si he madurado ya no me conformaría solo con eso.

¿O sí?

sábado, 8 de octubre de 2011

Hoy me he dado cuenta de que estaba enamorada de ti, no de lo nuestro.


Me di cuenta de que conservo esperanza, al ver una llamada perdida en el móvil y desear ver tu nombre en la pantalla.


Al esperar un mensaje tuyo en el buzón de voz. Tu voz.


Son cosas que no sabes que conservas hasta que te dan de bruces en el corazón.


Deseo un mensaje tuyo. Un mensaje de disculpas. Un lo siento. Un te quiero.


¿Por qué? ¿Y para qué?


Me doy cuenta de que, a pesar del dolor, es lo mejor que podía pasarme. Puede que me hiciera falta. Espero saberlo en breve.


No sé muy bien lo que siento ahora respecto a la ruptura. Me siento agradecida por lo que tuvimos, lo que aprendí, lo que sentí y lo que pude darte.


Solo quiero que te des cuenta, que mires en tu interior. Ya no me importa tanto entender por qué, qué pasó realmente en tu mente o en tu corazón, con respecto a mi. Solo me importa que rectifiques, por ti y para ti. Llevas mucho tiempo estancado, estancadísimo. Temo que te quedes ahí. Sé que ya no es mi problema, porque no puedo hacer nada. Pero no quiero que seas un Carlos o un Ernesto. Dios ellos están ahora mismo tal cual estaban cuando lo nuestro terminó. No quiero que te pase eso a ti.


Dios sabe que cada vez que vuelvo a casa deseo verte sentado en el portal. Que por una vez un impulso tuyo me sorprenda para bien. Que compres un billete a Madrid, verte con tu chaqueta beig y las manos en los bolsillos.


Conocí el otoño contigo.


Sin ti sigue siendo hermoso, pero sin ti.


Que es lo que toca, y disfruto del presente igual.


Pero te quiero.


Y deseo que te descubras, que te atrevas a admitir lo que yo veo, y a luchar. Lo hiciste una vez, te asustaste y te rendiste. Creo que ahí empezaron a ir las cosas hacia atrás entre nosotros.


No te conviertas en ellos.


Crece. Aprovecha esta oportunidad como estoy haciendo yo.


Crece conmigo.


Eso es amar.

lunes, 3 de octubre de 2011

Sé que no leerás esto, por eso lo escribo.

De hecho, creo que solo yo lo entenderé.

Haciendo un balance de mis antiguas relaciones con la tuya, de mis sentimientos hacia antiguos amores y, sobretodo, de antiguas rupturas, he de decir que no hay punto de comparación.

Por diferencia, más que por cantidad.

La desdicha y decepción esta vez son constantes. Me acompañan a lo largo del día. Mientras me ducho, mientras arreglo mi dormitorio. Mientras charlo y sonrío. Mientras como, mientras río. Mientras vivo.

Pero no saludan, se mantienen ocultas, se esconden. Se maquillan.

Solo se descubren por la noche, y en mi mirada.
Se manifiestan a través de un recuerdo fortuito.
Cuando me doy la vuelta en la cama y no está tu brazo.
Cuando a mi izquierda solo hay frío.
Cuando guardo un cojín rojo.

Una pieza me falta. Es parecido a la sensación de olvidar algo y no saber el qué. Pero todo el día, sin haber olvidado nada, y sabiendo qué.

A diferencia, tengo ganas, ánimo y fuerza para luchar por lo que quiero, sin tenerte presente, intentando no tenerte en un futuro.

Necesitaba escribir, por mi, para mi.

Por que sí, porque muere otro día en el que no estás.

domingo, 5 de junio de 2011

Sensaciones transcritas


Algo se ha transformado en mi de forma gradual, constante y casi imperceptible.


Una transmutación cuyo origen desconozco.


Lo de aplastar mosquitos en las noches de verano se intercambió por una mosquitera y cerrar la ventana a partir de las seis.


Arrancar una flor por capricho derivaba en un "Perdón".


Tirar del "Raid" en cuanto empezaran a aparecer las hormiguitas pasó a tener cuidado en no dejar miguitas de pan.


Cada vez que pasaba ante la sección de carnicería se me revolvía el estómago.


Ahora, traspasa mi alma.


No sé por qué, ni qué, ni cómo, ni cuándo.


Solo sé que me he enamorado de la tierra y de todo lo que hay en ella. Un amor sano, respetuoso y gradual.


No es algo que piense o haya racionalizado. Es algo que he ido sintiendo, de forma intuitiva; al sonreír cada vez que veo a un perro en la calle, cuando nacen las flores en primavera o con el olor de la lluvia.


Todos somos necesarios y especiales. Desde los elefantes a las arañas. Desde los árboles hasta el musgo. Todos merecen respeto.


Todos somos seres VIVOS


Y yo, por fin, he transcrito mis sensaciones. Ya es hora de compartirlas. :)



Perla Ahsen

miércoles, 18 de mayo de 2011

Hace mucho tiempo que no escribo, en general porque me iba bastante bien.

Pero en este momento no es que precisamente tire voladores, o dentro de mí los haya.

Lo cierto es que ya no sé qué pensar del amor de pareja.

Aunque él se niegue a aceptarlo, huelo como la ruptura asoma su apestoso perfil.

Solo con intuirlo ya me tiembla el cuerpo entero.

Sobretodo al notar que, una vez más, no es recíproco.

Mientras tanto, debo aprender a estar sola, y sola de verdad.

Al estar en una ciudad lejos de mi Tierra, no es que me sienta precisamente arropada, más cuando la gente de aquí vive en mundos distintos, cada uno.

Creo que el agobio que siente la gente canaria en Madrid no es porque exceda el número de personas en la calle, sino por lo poco que lo nota tu alma.

La cuestión es que debo aprovechar este momento de pesadumbre para aprender a estar sola. Sola de verdad.

Disfrutar de mi propia compañía y ser yo misma quien me anime en momentos como este, donde ni el aspecto sentimental ni el profesional van por el rumbo que yo deseo.

Quizás mi madre tiene razón en eso de que le damos más importancia a los hombres de la que deberíamos, pero es algo que hasta ahora no he podido controlar.

Quizás deba trabajar más en mi misma antes de aventurarme a continuar cualquier relación.

Sé que me hace falta trabajar en mi misma, quizás deba centrar todas mis energías en eso ahora mismo.

Le quiero muchísimo, pero no sé si él siente lo mismo por mí, al menos en el campo en el que lo quiero yo.

Sea como sea, esta incertidumbre e inestabilidad no es que sea lo más adecuado para nadie, pero ¿cómo hablar con él? Cuando no quiere serte sincero?

En fin, voy a recoger mi cuarto.