sábado, 14 de noviembre de 2009

Bill: ¿Quieres saberlo? Te lo diré. Tienes ante ti a un hombre que esta noche no camina, galopa, hacia el Valle Tenebroso. Al mismo tiempo, la empresa por él concebida, creada con sus manos, ha pasado a dirigirla un par de piratas. Oh sí, casi me olvido, y mi hija se ha enamorado de la Muerte.

Joe: Y yo estoy enamorado de ella.

Bill: ¿Qué dices?

Joe: Estoy enamorado de ella y me la voy a llevar esta noche.

Bill: No te la llevarás a ninguna parte. ¿A qué viene esto? ¿No teníamos un acuerdo?

Joe: Lo siento.

Bill: Susan es mi hija. Le espera una vida maravillosa. ¿Vas a privarla de ella y me dices que lo sientes? Lo lamento, pero no acepto tus disculpas.

Joe: Me da igual, Bill. La quiero.

Bill: Para ti es perfecto. Tomar todo lo que quieres porque te apetece. Eso no es amor.

Joe: ¿Qué es?

Bill: Un capricho vano que, por el momento, pretendes concederte. Pero falta lo primordial.

Joe: ¿Que es qué?

Bill: Confianza, responsabilidad, sopesar tus opciones y sentimientos y vivir el resto de tu vida en consonancia con ellos y, sobre todo, no hacer daño a la persona amada.

Joe: ¿Es eso el amor según William Parrish?

Bill: Multiplícalo por infinito, llévalo hasta el fin de la eternidad y apenas tendrás un atisbo de qué hablo.

Joe: Esas fueron mis palabras.

Bill: Ahora son mías.

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