El 19 de Octubre de 2009, pude asistir al III Memorial Dolores Campos Herrera, acto conmemorativo a la escritoria y periodista autóctona fallecida dos años atrás.
En la sala Cuasquíasy a ritmo de copas de vino, varios escritores se reunían para celebrar este homenaje con una lectura improvisada de microrrelatos.
La intimidad de la sala acogida por la tenue luz que nos envolvía, cargaba al acto con una complicidad palpable a todo aquel que mantuviera oído atento a las lecturas.
Los autores subían uno a uno al pequeño escenario y, con papel en mano, nos absorvían con sus relatos amplificados por el sonido de sus voces al micrófono.
Mientras iban pasando, escuchaba ciertas frases, ciertos relatos que captaron especialemente mi atención.
La forma tan bella y acertada de denominar el sonido del despertador como "el impertinente zumbido mañanero" o el hecho de levantarse de la cama como "impulsar el cuerpo como una catapulta en la oscuridad"
Así como una mujer insultaba a su pareja "Catapultando un sin fin de proyectiles incoherentes".
"Formas" se titulaba ese microrrelato. Comenzaba como un texto surrealista en el que la mujer a quien observaba el autor se iba deformando, ajigantándose o encogiéndose, se encolerizaba y se sumía, se convertía en una mancha en la pared o en una fiera indomable. Pero cuando él la abrazaba, volvía a su estado natural. Y aunque ella de vez en cuando perdiera las formas, él siempre estaría allí esperando poder abrazarla.
Otro relato que captó mi atención fue uno titulado "Yo solo me tropecé", en el que el autor describía una serie de reacciones en cadena que comenzaron con el tropiezo del personaje y desembocaron en la extinción de la raza humana.
"Fotografa de guerra" supuso un relato que no intimidó la humedad de mis ojos. Relataba cómo una mujer fotografiaba a tres niños en un contexto bélico. Los niños posaban acurrucados proyectando su mirada hacia la cámara mientras la zona era bombardeada. Mientras revelaba las fotos, la mujer contemplaba aquellas imágenes para seleccionar la que mejor refleara aquella situación. Pero se dio cuenta de que no podía verse en tan solo una imagen. Lo que más captó su atención fue la estaticidad de los cuerpos de los niños y del desconsuelo de sus ojos, imagen que se repetía en todas y cada una de las fotografías.
"Cuello soberano" o "La ronca voz de la cafertera" fueron definiciones que no dudé en memorizar.
También hubo determinadas frases que caben destacar, tales como "Deja de pensar en mí mientras acaricias ese cuerpo que no es el mío" o "Concluye como todas las historias de encuentros y desencuentros y, sin embargo, sucede"
Pero, claro está, que lo mejor siempre se deja para el final, y he elegido estas dos frases para concluir esta singular experiencia, que desembocó en la integración de un Taller de escritura en el que ahora tengo el placer de aprender, Factoría de Ficciones, y así poder participar en una de estas fructíferas reuniones;
"Cuando le aconsejé que explotara sus encantos, no le sugerí que volara su culo con dinamita"
"Y así vive, con esa especie de síndrome de Diógenes, llenando su corazón de besos basura y amores de mierda"
domingo, 25 de octubre de 2009
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Hey Perla, ya me enteré de lo de la escuela de actores! Felicidades, espero que todo te vaya bien!!
ResponderEliminarCuidate mucho
A ver si hablamos
Saludetes y besetes