jueves, 8 de enero de 2009

Ellos


Un día María conoció a Gabriel.

En ese momento, su vida era un auténtico atolladero de inestabilidad y confusión. Una corrosiva espiral de sentimientos y acciones que acababan donde empezaban, en un sufrimiento morboso que parecía no tener fin.

María luchaba con su día a día, o al menos hacía lo que creía poder.

Así la encontró Gabriel, asustada, desconfiada y aturdida.

María notaba como él se quedaba mirándola, con una confianza inquietante y un punto de curiosidad que no conseguía entender.

Lo acostumbrado en ella, desviar la mirada.

Siempre lo hacía cuando notaba que alguien se la mantenía más de lo que permite la buena educación, pero estos ojos eran diferentes.

Y no solo ella se percataba de la distinción.

Además, el sentimiento que le producía también la pillaba por sorpresa.

No le incomodaba en absoluto.

Poco a poco y sin que ni ella misma se diera cuenta, fue encontrando un motivo por el que abrir un poco más los ojos...y así hizo.

Cada día, fuera donde fuese, buscaba a Gabriel y a su mirada, y cada vez que podía se asomaba al reflejo de sus ojos.

¡Qué diferente era todo a través de ese cristal!

María observaba su alrededor y nada parecía haber cambiado.

No había mucho más a parte de él por lo que mereciera la pena fijarse, pero una vez curioseara a través de su espejo, todo, hasta el más mínimo detalle, se convertía en algo digno de observación.

Lo que para los ojos de María se comtempla como mustio y yermo, se trasnforma en vida con solo unos segundos tras los de Gabriel.

Pero este nuevo descubrimiento no era lo que más la inquietaba.

Lo que no llegaba a comprender María era por qué razón Gabriel la seguía mirando.

"¿Qué verá en mis ojos?". Se preguntaba.

"¿Se dará cuenta de lo muerto que está mi mundo? Y si es así...¿por qué no se aparta? El suyo tiene demasiado color para mi vista monocromática. No. Mi mundo está demasiado apagado para que vea en él algo de provecho, algo mejor que sus colores en perfecto nivel de saturación. Quizás le falte algo más de rojo, sí, demasiado verde veo yo...pero no queda mal y es...fascinante"

Y así sigue María, sin entender muy bien por qué Gabriel nunca le desvía la mirada ni qué ve en la suya, pero poco le importa, la verdad.

Le basta con saber cada vez un poquito más que sus ojos seguirán ahí mañana.

Y respecto a mí...puede que siga sin comprender qué le pasa a María y tema que aún no vea por ella misma lo que sí a través de él pero...Lo que sé con total certeza es lo mucho que le ayuda que Gabriel la siga mirando.

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