sábado, 3 de enero de 2009

Él

RESPUESTA DE ERNEST


Hoy he conocido a Gabriel.

Resulta que hoy en el trayecto de mi casa a casa de mi novia me he sentado a su lado en la guagua y él, casi sin un titubeo en su voz se ha dirigido a mí. Gabriel es una persona segura en sí misma. Tiene una familia estable, que le quiere y que, aunque no siempre lo demuestran, están en lo que hace, siempre que lo haga bien.

Sé que lo hace bien. Es... no perfecto, pero tras muchas insinuaciones de quienes le rodean, es muy bueno en lo que hace. Es como si no supiese hacerlo mal o, simplemente no hiciese lo que sabe que haría mal, con lo que da una extraña sensación de suerte y pericia. Sí, a Gabriel le acompaña la suerte, de eso no cabe duda. Tiene una vida acomodada; no resuelta, pero sí acomdada y tranquila. No tiene graves dolencias, aunque bien es cierto que tiene límites que le impiden, por ejemplo, correr 100 metros lisos o tener toda una noche de sexo con su novia, porque sí, además Gabriel tiene una novia.

Cuando digo que en su rostro se dibuja una mueca de tranquilidad no es algo dicho a la ligera. Transmite confianza. Yo llegaba tarde a mi cita sorpresa pero él, sólo con sus palabras me transmitió una tranquilidad pasmosa. No sé que diablos hizo, pero lo hizo.

Pero Gabriel, dentro de su mundo aparentemente perfecto en sociedad y saciedad tenía problemas. Tenía que tenerlos, de lo contrario sería un Dios, o un Ángel o... qué sé yo. Tanto bienestar, tanta seguridad, tanta falta de preocupaciones sólo podrían desencadenar un sentimiento irreal impotencia al ver como las personas que lo rodeaban sentían que nada podrían aportarle. Era estúpido pensar algo así ya que eran esas mismas personas las que por un lado le hacían estar así de bien, las que por otro lado no sabían qué más aportar. "¿Por qué tendrían que aportar algo más?" me pregunté. No lo sabía la verdad.

Pues eso también lo pude entrever. La necesidad de Gabriel de no sentirse tan realizado con todo lo que le rodeaba. El sentimiento de seguridad tendría que bajar. Gabriel debería tropezar, sufrir, y que las personas que tiene, su novia, sobre todo, pudiese tenderle una mano y sentir que le aporta algo. Algo más de lo que ya le aportaba, que era un todo.

Era una extraña mezcla de bienestar y necesidad de malestar la que le invadían. Es cierto, ahora que me fijo, Gabriel no es tan perfecto, ni tan inhumano, ni tan... feliz. O sí en cuanto a lo que en felicidad se refiere, pero desearía ser un poco menos feliz para poder... ser rescatado.

También supe que Gabriel era nombre de ángel. Ángel de la Guarda, por ejemplo.

El caso es que esa tarde en la guagua Gabriel debió notar mi impaciencia por llegar a casa de mi novia para sorprenderla con mi presencia. Me debió de haber visto inquieto.

- Perdona, ¿tienes hora?- me preguntó
- Las... seis y cuarto. - le dije un poco malhumorado por el tráfico.
- Vaya, se hace tarde, pero al menos veré como se encienden las luces de Navidad.- contestó él con una calma aparente.

Realmente se me hacía tarde y más ahora que sabían la hora que era, pero... es cierto, a los 3 minutos empezaron a encenderse las luces de navidad y... era precioso. Sonreí, le miré y me hizo un guiño de aceptación.

Realmente no sé como era su nombre ni sé cómo era su vida, pero juraría que se llamaba Gabriel y... sí, creo que su vida debe ser algó así como lo que he contado ahora.

1 comentario:

  1. Gabriel y María... Un prefecto conjunto de inquietudes y rarezas que los hacen especiales a la vista del resto de la humanidad
    Besos

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