miércoles, 18 de mayo de 2011

Hace mucho tiempo que no escribo, en general porque me iba bastante bien.

Pero en este momento no es que precisamente tire voladores, o dentro de mí los haya.

Lo cierto es que ya no sé qué pensar del amor de pareja.

Aunque él se niegue a aceptarlo, huelo como la ruptura asoma su apestoso perfil.

Solo con intuirlo ya me tiembla el cuerpo entero.

Sobretodo al notar que, una vez más, no es recíproco.

Mientras tanto, debo aprender a estar sola, y sola de verdad.

Al estar en una ciudad lejos de mi Tierra, no es que me sienta precisamente arropada, más cuando la gente de aquí vive en mundos distintos, cada uno.

Creo que el agobio que siente la gente canaria en Madrid no es porque exceda el número de personas en la calle, sino por lo poco que lo nota tu alma.

La cuestión es que debo aprovechar este momento de pesadumbre para aprender a estar sola. Sola de verdad.

Disfrutar de mi propia compañía y ser yo misma quien me anime en momentos como este, donde ni el aspecto sentimental ni el profesional van por el rumbo que yo deseo.

Quizás mi madre tiene razón en eso de que le damos más importancia a los hombres de la que deberíamos, pero es algo que hasta ahora no he podido controlar.

Quizás deba trabajar más en mi misma antes de aventurarme a continuar cualquier relación.

Sé que me hace falta trabajar en mi misma, quizás deba centrar todas mis energías en eso ahora mismo.

Le quiero muchísimo, pero no sé si él siente lo mismo por mí, al menos en el campo en el que lo quiero yo.

Sea como sea, esta incertidumbre e inestabilidad no es que sea lo más adecuado para nadie, pero ¿cómo hablar con él? Cuando no quiere serte sincero?

En fin, voy a recoger mi cuarto.

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